lunes, 25 de febrero de 2008

Mar Argentino y los peligros de la sobrepesca











Investigación de F. D. Barrios
Parte I

Milla 201, otra frontera a defender

Los mares son una importante fuente de recursos, y el que baña nuestras costas no es la excepción. De hecho, es un área sumamente codiciada por los principales operadores pesqueros, lo cual genera una serie de inconvenientes en la administración de sus tan preciados recursos. MI se adentra en los problemas que afectan a nuestro territorio acuático y, en especial, a la llamada “milla 201”.

publicado en la revista "MI" - edición de marzo de 2008


Tras una sigilosa y paciente tarea de observación y vigilancia, el buque de la Armada Argentina se pone en marcha. Ha detectado a un intruso. En la cabina de mando se ha determinado fehacientemente que un barco pesquero no autorizado navega en aguas nacionales, y desde cubierta se ha documentado que se encuentra pescando en forma ilegal. Vía radio se constata el nombre, la licencia y la bandera de la embarcación. El comandante de la Armada ordena a su tripulación avanzar hacia ella y mantenerse alerta (nunca se sabe cuál será la reacción de un ilegal). La paciencia y el sigilo rinden sus frutos. El pesquero no puede escapar y, rendido ante la evidencia, se ve obligado a dirigirse hacia un puerto argentino para someterse a la acción de la justicia. La Armada no le ha dado tiempo a descartar su carga ni a evadirse fuera de aguas territoriales para introducirse dentro del “enjambre” de pesqueros que operan más allá de las 200 millas de jurisdicción argentina.

En los últimos años, este tipo de acciones se vienen repitiendo cada vez con mayor frecuencia. Las incursiones de los pesqueros ilegales en aguas argentinas es un problema creciente que preocupa tanto a las empresas del sector como al Estado nacional. La Armada Argentina y la Prefectura Naval patrullan constantemente la Zona Económica Exclusiva de la Argentina, que se extiende desde la costa hasta las 200 millas marinas. Con sus buques y aviones detectan e interceptan a los pesqueros infractores con el fin de disuadir la pesca ilegal y preservar los recursos marítimos.

En su tarea de monitoreo y vigilancia, la Armada cubre unos 10.300.000 kilómetros cuadrados de océano Atlántico, demarcados por el paralelo límite con Uruguay al norte, hasta el polo sur, y desde la costa argentina hasta la mitad del océano Atlántico. Esta superficie equivale a tres veces el territorio terrestre nacional, incluyendo el sector antártico, las islas del Atlántico Sur, los ríos y los lagos. Para el control de esta vasta zona, el Comando de Operaciones Navales dispone de cuatro comandos subordinados: la Flota de Mar, la Aviación Naval, la Infantería de Marina y la Fuerza de Submarinos. El esfuerzo diario de presencia y monitoreo llevado adelante por un buque representa un “barrido” diario de un área de casi 18.000 kilómetros cuadrados.

Las tareas de control y vigilancia son realmente necesarias, ya que se trata de un área de muchos recursos que suele atraer a numerosos pesqueros no autorizados. Nuestro mar, su zona adyacente y el sector antártico son navegados por un promedio diario de 200 barcos pesqueros, 60 barcos mercantes y 40 barcos de pasajeros y de investigación. Fuera de los límites de las aguas jurisdiccionales, en la llamada “milla 201”, la Armada Argentina dispone de capacidades operativas y tecnológicas para monitorear dicha área, manteniendo una activa presencia en la zona.

La Argentina ha intensificado sus controles con el fin de impedir que alguno de los muchos pesqueros que operan en el límite entre las aguas nacionales y las internacionales llegue a cruzar a nuestro territorio y a hacer uso de nuestros recursos. Por ejemplo, en el año 2005, buques coreanos, taiwaneses y chinos pescaron unas 11.000 toneladas de calamar en aguas lindantes con la Argentina y otras 7.000 en las aledañas a Malvinas, lo que lleva a dudar si esta pesca se realizó realmente en aguas linderas o si en algún momento se llegó a cruzar la línea.

Buques de distintas banderas (coreana, china, taiwanesa, uruguaya, española, etc.) han sido capturados tras haber cruzado la línea que separa alta mar del territorio argentino. En el año 2006, por ejemplo, se produjo la captura del pesquero “John Cheek”, con bandera y permiso del Registro de la Administración Inglesa en las Islas Malvinas. La embarcación llevaba a bordo 100 toneladas de calamar y merluza, con un valor estimado en más de un millón de dólares. El hecho provocó una queja formal de la diplomacia argentina ante el gobierno británico y una fuerte multa para la empresa pesquera.


Cuestión de Límites y soberanía

El estado Nacional tiene soberanía sobre las aguas desde la línea costera hasta las 200 millas náuticas mar adentro. En esa área puede explotar los recursos o licenciar a empresas nacionales o extranjeras para que lo hagan. La Argentina otorga cupos de pesca y obliga a los pesqueros a cumplir ciertas normativas.

Nuestro país se rige por la Convención sobre el Derecho del Mar o CONVEMAR. Aprobada el 30 de abril de 1982 en Nueva York, y vigente desde el 16 de noviembre de 1994, la convención otorga a los países una serie de derechos y obligaciones en cuanto al recurso marítimo, derechos de navegación y estrechos para la navegación internacional; paz y la seguridad en los océanos y los mares; conservación y gestión de los recursos marinos vivos; protección y preservación del medio marino; investigación científica marina; y procedimientos para la solución de controversias.

La convención establece las siguientes zonas de jurisdicción de los Estados:

El Mar Territorial
Son las 12 millas marinas más próximas a la línea costera. El Estado ribereño tiene soberanía sobre ellas tanto en espacio aéreo, como en lecho y subsuelo.

La Zona Contigua
Es el área que comprende las 12 millas siguientes al mar territorial. Allí el Estado ribereño puede tomar las medidas de fiscalización necesarias para prevenir las infracciones y sancionar las infracciones a sus leyes y reglamentos aduaneros, fiscales, de inmigración o sanitarios.

La Zona Económica Exclusiva (ZEE)
Es el área que va desde la costa hasta las 200 millas. El Estado ribereño tiene derechos de soberanía para fines de exploración, explotación de los recursos naturales vivos y no vivos; jurisdicción en establecimiento de islas artificiales, instalaciones, investigación marina y preservación del medio marino, y con respecto a otras actividades con miras a la exploración y explotación económica de la zona, tal como la producción de energía derivada del agua de las corrientes y de los vientos.

El Estado ribereño posee derechos en tiempo, forma y espacio en la ZEE, y si no utiliza o explota los recursos nadie puede extraerlos. Es responsabilidad del Estado ribereño determinar la captura permisible para asegurar la preservación de los recursos. El Estado ribereño que no tenga capacidad para explotar toda la captura permisible puede dar acceso a otros estados.

En el país, la actividad pesquera es regulada por la Ley 23.968, de 1991, que aclara que la aplicación de las normas nacionales sobre conservación de recursos vivos marinos se aplicarán más allá de las 200 millas sobre las especies de carácter migratorio o sobre las que intervienen en la cadena trófica de las especies de la ZEE; la Ley 24.543, la Argentina acepta las disposiciones sobre ordenación y conservación de los recursos vivos en alta mar y la Ley Federal de Pesca 24.922, promulgada en enero de 1998, y que establece que la política pesquera nacional tiene como objetivo básico y fundamental el desarrollo sustentable de la actividad, conservando los recursos y promoviendo la incorporación de valor agregado a los productos pesqueros con utilización de mano de obra nacional.

También son tenidas en cuenta las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que trabaja con las autoridades locales para tratar de regular la pesca sin dañar al ambiente sobre todo en zonas de alta mar o en donde las jurisdicciones no están claras. Como el Acuerdo sobre Pesca de Altura o el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO, de 1995.

Sin lugar a dudas, los países buscan explotar correctamente los recursos marítimos y evitar la sobreexplotación de éstos, y para ello se han dictado normativas y reglamentaciones. Pero, ¿es suficiente este esfuerzo? Aun teniendo leyes adecuadas, si se carece de medios para ponerlas en práctica, es imposible evitar el colapso. A la amenaza de pesca ilegal, que comprende diferentes tipos de actividades (pescar sin licencia o fuera de temporada, capturar especies prohibidas y pescar mayor cantidad de peces que los permitidos por la ley, entre otras), se suman los desajustes en los controles de los pesqueros que operan legalmente en nuestras aguas.


Crecimiento y riesgo

Si bien el sector pesquero es uno de los que más creció en términos de ganancia económica en los últimos años, es justamente este crecimiento el que obliga a prestar oídos a los llamados de atención sobre cómo se está explotando el recurso.

Según datos de la FAO, se calcula que en todo el mundo el sector pesquero produce más de 105 millones de toneladas de alimentos al año, otorga puestos de trabajo a unos 40 millones de personas y genera ingresos por exportación cruciales para muchos países en desarrollo. Además, la pesca proporciona a la población mundial, cada vez más numerosa, el 16 por ciento de las proteínas de origen animal que consume. Sin embargo, la misma FAO expresa su preocupación debido a que, en todo el mundo, el 25 por ciento de las principales poblaciones de peces marinos se encuentran subexplotadas o explotadas con moderación; el 47 por ciento se hallan plenamente explotadas, lo que produce capturas que han llegado o están aproximándose al límite máximo sostenible; el 18 por ciento de las especies están sobreexplotadas; y el 10 por ciento de las poblaciones de peces casi se han agotado o están reconstituyéndose. Por lo que el organismo advierte que “esta tendencia confirma que el potencial de pesca de los océanos ha alcanzado probablemente su límite”.

En 2006, en la Argentina, el sector exportó 1.229 millones de dólares, superando los valores de exportación de la carne vacuna, lo cual demuestra que nuestros mares del sur tienen un enorme potencial para producir alimentos. Además, a la industria pesquera hay que sumarle las posibilidades de explotación petrolera y generación de energía. Las especies más deseadas, y más rentables, son la merluza y el calamar.

Aunque estas cifras deberían llenar de alegría y esperanza a los argentinos, también son motivo de preocupación, ya que existe el riesgo de sobreexplotar el recurso. Y precisamente estas dos últimas especies son las que se encuentran en riesgo debido a la sobrepesca y, para algunos expertos, al borde del colapso.


La lucha contra la depredación: las amenazas al Mar Argentino

Una de las recomendaciones de la FAO es que se apliquen medidas de control más estrictas y eficaces en los puertos con el fin de combatir lo que se denomina “pesca ilegal, no documentada y no reglamentada” o pesca INDNR, lo que incluye la pesca sin autorización, la captura de especies protegidas, el uso de aparejos de pesca prohibidos y el no respetar las cuotas de captura, entre otras violaciones.

La pesca INDNR es un problema tanto en la Argentina como en muchos países, donde con frecuencia la falta de fondos y de capacidad técnica se traducen en falta de supervisión de las actividades pesqueras y en sistemas débiles de control en los puertos.

En nuestro país, específicamente, a criterio de algunos expertos, los recursos pesqueros no se encuentran bien administrados. Para Roberto Maturana, oficial de la Marina Mercante, “desde que llegó Menem al gobierno, se empezaron a tratar de una forma absolutamente despreciable en lo referente a recurso pesquero pero sí como muy apreciable en lo que es el negocio privado. La pesca pasó a ser una caja para los políticos ya iniciada en el gobierno de Alfonsín, con Felipe Solá en ese momento también”.

Al problema de la pesca ilegal —y de la pesca legal pero excesiva—, quizás habría que sumarle la cuestión de la falta de controles adecuados desde el Estado. En la Argentina existe un Consejo Federal Pesquero (el órgano que tutela el cumplimiento de la Ley Federal de Pesca), formado por un representante de cada una de las provincias con litoral marítimo. Maturana sostiene que “estas personas no nos representan a los argentinos, son lobbystas”.

Coincidiendo con la opinión del oficial Maturana, el Capitán Luis Martini, ex investigador de la FAO y profesor de la Escuela Pesca y de la carrera de Ingeniería Pesquera de la UTN, afirma que “los recursos pesqueros en la Argentina no se están manejando bien, esto no es de ahora. Yo creo que se están manejando mal desde hace más de diez años”. Y adjudica gran parte de este mal manejo al “gran error argentino de haber hecho el convenio con la Unión Europea, en la época de Menem, permitiendo la entrada de una flota congeladora grandísima”. Estos grandes buques pescaron más allá de lo recomendable llevando a la industria pesquera a estar en estado de alerta por falta de recursos cosa que se empieza a ver en este momento. Resumiendo, el capitán Martini señala que “el problema es que el manejo pesquero por parte de las autoridades de aplicación no fue el mejor y que el empresario pesquero siempre quiere pescar más”.

La opinión de los expertos refleja la preocupación que circula por los puertos: que la falta de recursos obligue a tener que ordenar la veda para la captura de algunas especies, como la merluza, “eso sería terrible para la industria pesquera, por la cantidad de gente que quedaría sin trabajo”, señala Martini, hombre que cuenta con décadas en la actividad y sugiere que “hay que cambiar la mentalidad, por ejemplo hay una empresa en Puerto Madryn que está cortando pescado para la góndola, no está vendiendo commodity, y con mucho menos pescado están dando más trabajo y con mejor rentabilidad. Hay que eliminar a los barcos grandes. Los barcos congeladores tendrían que ir al sur del paralelo 48 y dejar a los fresqueros con una cuota determinada por el INIDEP”.

Opinión a la que el oficial Roberto Maturana adhiere “la sobreexplotación pesquera está provocando la destrucción del patrimonio pesquero nacional por la que estamos entrando en un crack biológico por el cual habría que parar siete años de pescar para recomponerlo. Esta gestión liberó el Mar Argentino a todos los buques congeladores, lo que genera este colapso biológico, que es mucho más de lo que quizás mucha gente pueda llegar a entender. Cuando uno rompe un eslabón de la cadena trófica no sabe finalmente que es lo que va a pasar con el resto de la cadena”.

Más allá de las fallas lógicas de un Estado con problemas, Maturana sugiere que puede llegar a haber algún motivo que no esté muy claro para el descontrol que atribuye al sector pesquero, “las autoridades no hacen absolutamente nada. Dejan que vacíen el mar por que el tema pesquero no es una prioridad para ellos. Lo que si es prioridad para ellos es el tema petróleo”, dice un hombre que vive diariamente de cara al mar.

Como vemos, la preocupación en el sector pesquero va más allá de la presencia de ilegales en nuestro mar sino también a la acción codiciosa de algunos empresarios. Pero, ¿puede medirse cual es la real amenaza de los pesqueros que provienen desde alta mar? “En la escasez de los recursos en el Mar Argentino no tienen gran influencia los barcos que se introducen desde mas allá de la Milla 201. La Armada y la Prefectura, con sus aviones y sus barcos, controlan muy bien la zona. El problema es la entrada al país de esta gran flota permitida durante la gestión Menem. Hay un informe de la UBA que habla de la ilegalidad de estos barcos y hasta el día de hoy no se tomó ninguna medida” relata el capitán Martini. Conclusión similar a la de Maturana quien además agrega que “lo que hay al borde de las 200 millas es una cantidad de pescado, que son recursos nacionales por que son especies altamente migratorios. Por eso se pidió a la FAO la prolongación de la milla 201 a la milla 350”.


La opinión de los ambientalistas

Otra arista válida del tema pesquero es la voz de los ambientalistas, que suelen estudiar con otros ojos los problemas relacionados con la conservación y emitir opiniones a veces distantes de lo que dice la industria. Sin embargo, en lo referente a los barcos que acechan desde la milla 201, el diagnóstico es coincidente, aunque con ciertas salvedades. El Licenciado Guillermo Cañete, Coordinador del Programa Marino de la Fundación Vida Silvestre, opina que “lo que ocurre en la milla 201 afecta minimamente el problema de la merluza pero tiene influencia central con lo ocurre con el calamar”. La enorme captura que hubo en la milla 201 por parte de la flota de terceros países fue lo que obligó en el año 2007 a la flota de buques poteros a parar antes de tiempo por que no tenían precio, no por que no hubiera pescado. Cañete agregó que “en alta mar hay que hacer algo al respecto. La Fundación Vida Silvestre va a estar trabajando con la industria para tratar de identificar como llegar a acuerdos que permitan hacer algo efectivo para la administración del calamar sin poner en riesgo los intereses nacionales en relación con el conflicto de Malvinas. La complejidad política agrega muchas dificultades a la gestión pesquera en el área”.

Hace poco más de dos años que la Fundación de Justicia Medioambiental (EJF, Enviromental Justice Foundation) publicaba su informe “Piratas y Beneficiarios” en donde advierte que la pesca ilegal es una grave amenaza para el futuro de las reservas pesqueras de todo el mundo. Según los datos recabados por esta fundación, el 30 por ciento de la captura total de la industria pesquera es ilegal y en algunos casos el 50 por ciento de las descargas de los pesqueros no está regulada o declarada. “La pesca ilegal causa daños a las aves marinas, a los mamíferos y tortugas marinas y a la biodiversidad de los mares en su conjunto”, advierte el informe.

Muchas organizaciones ambientalistas nacionales y del exterior, además de varios gobiernos, condenan ciertos métodos de pesca. Como la llamada pesca de arrastre, el tipo de pesca menos selectivo que existe además de ser la más perjudicial para los fondos marinos. La técnica consiste en remolcar una red desde la embarcación manteniéndola abierta, de esta forma, todo lo que encuentra durante el recorrido queda atrapado en el interior de la red. El arrastre está tratando de ser desterrado de Europa pero en Argentina es frecuente, “todos pescan con arrastre. Toda esta flota de buques usa artes de arrastre que son absolutamente destructivas del lecho marino. Rompen con toda la biodiversidad, con las cadenas tróficas. Son como arados gigantes que pasan por el mar”, cuenta Roberto Maturana.

Otro de los puntos en los que coincide Guillermo Cañete, de la Fundación Vida Silvestre, es la del exceso de pesqueros en el área. Y adjudica la crisis de disponibilidad de recursos a la sobrepesca al “exceso de capacidad pesquera, demasiados barcos, demasiadas industrias. Está sobredimensionado para la capacidad real que tiene el proceso”. Y por las fallas en los controles, “digamos que hay un valor en la estadística que no representa lo que sucede en la realidad por lo tanto si se dice que se cumple la captura máxima permisible de un año, en realidad no es cierto. Además hay un fenómeno de subdeclaración, se baja merluza y se pone que es otra especie, hay una cadena de corrupción que favorece todo esto. Por lo tanto se está avalando la sobrepesca”. Para la Fundación Vida Silvestre el problema es sencillo: se pesca más de lo que se renueva.

Y para se concretos resume el problema en la siguientes definición: “Si el negocio es hacer más de lo mismo no es sustentable, porque no hay más. Entonces no se va a hacer negocio pescando más. Si el negocio es únicamente vender commodity sencillo, como se está haciendo, estamos mal. Las empresas que tienen futuro son las que bajan costos y hacen productos de mayor valor agregado. Pero para eso se necesitan reglas claras, que se premie a quien invierte, se controle y se sancione a los piratas, que se establezcan sistemas de control efectivos, que se utilicen artes de pesca selectivos que permitan evitar la captura innecesaria de juveniles. Es algo absolutamente irracional que se estén tirando al agua individuos que tendríamos que pescar el año que viene, eso pasa en la pesca en nuestro mar”.

Y la Fundación Vida Silvestre llama a asumir responsabilidades. “El Estado tiene una responsabilidad primaria de administrar responsablemente la actividad pesquera. Pero también tienen responsabilidad los armadores, los capitanes, las tripulaciones... hay que cambiar ciertas pautas de cultura, hacia una cultura que acepte límites, que piense en el bien común. Lo que ocurre en el agua afecta a todos. Hay que pensar en el largo plazo”.

Seguramente los inconvenientes que pueda atravesar la industria pesquera o las acechanzas sobre nuestros recursos en el Mar Argentino vayan más allá de las incursiones de modernos buques piratas que muchas veces disponen de la última tecnología para evadir los controles de Armada y Prefectura. Pero el futuro de las familias de miles de trabajadores del sector depende una toma de conciencia y de medidas urgentes para evitar que el mar se transforme en un desierto, vacío de sus ricos habitantes. Es coincidente la opinión de la industria, los profesionales y los ambientalistas: falta planificar al sector pesquero con un pensamiento estratégico para dejar atrás el pensamiento obsoleto de obtener el mayor valor posible de los recursos, pensamiento que provocó que el desarrollo pesquero haya sido oportunista. Es tiempo de comenzar a planificar una industria sustentable y con visión de futuro para que la pesca en el Mar Argentino no sea solo un recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.



FRASES

“Estamos llegando a un punto en donde hay que establecer nuevos planes de negocio que sea sustentable. Y sustentables en termino de que si se puede pescar una cantidad limitada, hay que asegurarse de que se puede hacer negocio con esa cantidad limitada. Por que si no se va a pretender pescar más y si se pretende pescar más, se sobrepesca. Por consiguiente: o no se recupera el recurso o se vuelve a afectar”. Licenciado Guillermo Cañete, Coordinador del Programa Marino de la Fundación Vida Silvestre.


“La vigilancia en el muelle es importante: es necesario rechazar a los pescadores ilegales en los puertos, donde se detienen a cargar combustible, abastecerse de suministros, hacer reparaciones o descargar sus capturas, en lo que hoy se suele denominar como 'puertos de conveniencia'. La actividad ilegal comienza a desaparecer cuando hay menos acceso a los servicios portuarios y a los mercados accesibles a través de esos puertos, porque disminuyen las ganancias y con ello el incentivo para perpetuarla. Es necesario atacar a los pescadores piratas en el bolsillo, y esta es una de las formas más eficaces de hacerlo”. Judith Swan, del Departamento de Pesca de la FAO.

Referencias:
Los buques poteros

El calamar se pesca mayoritariamente con barcos que utilizan artes de pesca selectivas (poteras). Los buques poteros son una especialidad de los países de Lejano Oriente. Hasta el momento, excepto Argentina, ningún país de Occidente posee una flota potera propia.

Los buques poteros pescan normalmente de noche, utilizando máquinas automáticas (poteras o jiggins), diseñadas sobre la base del comportamiento de los calamares. Los cardúmenes son concentrados durante la noche mediante la iluminación provista por fuertes lámparas ubicadas en la cubierta del barco, que también suelen complementarse con lámparas submarinas.

Datos de la Cámara de Armadores Poteros Argentinos (CAPA)

Principales especies desembarcadas en puertos nacionales (10 primeros meses de 2007)

merluza hubbsi = 239.000 toneladas
calamar = 231.000 toneladas
merluza de cola = 82.000 toneladas
langostino = 46.000 toneladas
raya = 24.000 toneladas
anchoita = 23.000 toneladas
corvina = 22.000 toneladas
abadejo = 19.000 toneladas
polaca = 16.000 toneladas
pescadilla = 14.000 toneladas


Operatoria en Puertos

Puerto Toneladas desembarcadas Porcentaje
Mar del Plata 369.000 toneladas 46%
Puerto Madryn 140.000 toneladas 18%
Puerto Deseado 115.000 toneladas 14%
Ushuaia 65.000 toneladas 8%
Comodoro Rivadavia 31.000 toneladas 4%
San Antonio 16.000 toneladas 2%
Rawson 7.000 toneladas 1%

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